28.9.11

MOLDE PARA PRODUCIR POLLITOS: EL JIG CRIOLLO
El aficionado cubano a la pesca a spinning ha tenido por décadas una preferencia marcada por el empleo de los pollitos, o sea, jigs, para las pesquerías marítimas desde costa o cerca de ellas. El jig o pollo es básicamente un anzuelo que adquiere una cualidad balística con la adición de una cabeza pesada, fundida en plomo, posibilitando alcanzar distancia y variadas profundidades en el lance a spinning.
El pollito es un señuelo sumamente eficaz lo mismo en aguas muy someras que en algunas pozas hondas, donde el “espinista” (1) criollo ha practicado con pasión el jigging vertical antes de conocer el vocablo en alguna revista norteña. El cibí es la presa más frecuente, pero igualmente puede cobrarse rabirrubia, biajaiba, pargo criollo, aguají, barracuda –atento a la alambrada- y otros.
Pollito -diminutivo de pollo en la lingüística castellana formal- viene a denunciarnos el color amarillo brillante que es la vestimenta más frecuente de este señuelo, aplicado al esmalte de la cabeza plomeada y al teñido de los pelos de cabra o plumas que forman su móvil cola; en el mercado aparecen también regularmente con colas de vinilo. El montaje más frecuente se realiza sobre anzuelos rectos 2/O o 3/O, para el stock de mayor empleo, aunque los pequeños ensamblados en anzuelos 1/O son una bendición cuando el pescador topa en su avance con un prometedor bajo de no más de un pie de agua. Del color clásico –v. gr., en la gama del amarillo- se salta en ocasiones al blanco, útil para aguas turbias, y al negro, que va a destacarse en los espumarajos inquietos que orlan las puntas de arrecife cuando sopla el viento de invierno en la costa cubana.
Hay fabricantes de pollitos en La Habana, que los hacen bien hechos y los cobran igualmente bien (algo más baratos que en la Comunidad Europea o en la tienda de Harry Vernon en Miami, si se nos permite la disgresión). El pescador artesano, entretanto, se las arregla para surtir la cartuchera con lo mejor de su sabiduría. Hoy recogimos la tradición en la producción de pollitos, jig criollo, tal y como lo escuchamos, aunque debe quedar bien entendido que el autor del texto no ha llevado a cabo la experiencia.
Lo esencial en la manufactura de jigs es producir una cabeza plomeada que por su forma y peso ofrezca una opción versátil en las cuatro o cinco situaciones que debe solucionar el aficionado que busca peces de manera activa. Para ejecutar el molde lo primero será contar con un modelo que lo mismo puede ser un “pollo” de producción ajena, industrial o artesanal, o una forma elaborada por el artesano en madera u otro material apropiado. Ahora toca el turno al molde.
Como herramental de origen debe construirse una prensa con dos planchuelas metálicas, que ejercerán presión sobre el molde mediante cuatro tornillos y sus roscas tipo mariposa (Figura 1). A continuación, recorte de un tubo metálico de unos 5.0 centímetros de diámetro dos aros que midan de 1.5 a 2.0 centímetros de alto (Figura 2).
Una vez dispuesto el equipo descrito, el pescador ha debido arreglárselas para adquirir un material conocido como goma cruda, el cual no se halla en venta en ningún establecimiento, sino se ha de rastrear entre personas próximas al sector de los neumáticos de vehículos terrestres –poncheros, recapadores, etc.-, a quienes se solicitará la merced de una pequeña cantidad de dicho caucho. Con todos estos elementos dispuestos, se procede como sigue:
I- Rellenar con goma cruda uno de los dos aros metálicos, para formar una mitad del molde.
II- Compactar con la prensa, retirar y alisar la superficie externa.
III- Colocando de costado el modelo del que nos serviremos para formar el molde de fundición, se presiona con los dedos hasta introducir en la masa de goma la mitad de su altura. Retirar sobrante, nivelar y alisar la superficie de contacto del molde.
IV- Cubrir la superficie de contacto del molde con una capa aislante de silicona o talco.
V- Colocar el segundo aro metálico y rellenar su volumen con el resto de la masa de caucho.
VI- Colocar en la prensa. Presionar. Retirar el sobrante.
VII- Cocer durante una hora u hora y cuarto en un horno o en el interior de una olla colocada al fuego. En los comentarios sobre esta operación artesanal no se han obtenido referencias acerca de la temperatura óptima de cocción, de manera que estamos ante un procedimiento de error y prueba. Suerte.
VIII- Retirar el molde del calor, refrescar, desmontar la prensa y separar las dos mitades del molde.
IX- Con la ayuda de un instrumento afilado, grabar en las caras internas del molde el conducto para la introducción del metal fundido, el paso para la colocación del anzuelo, la impresión para fijar la argolla de amarre del señuelo y dos o más conductos para el escape de gases (Figura 3).
Se nos ocurre que la prensa puede luego servir para fijar el molde durante la fundición, pero dada la rapidez de endurecimiento del metal usado, lo más probable es que el artesano prefiera un medio de sujeción más ágil, que permita un mejor flujo de producción. Usted guardará celosamente la prensa y los dos aros para el día en que necesite construir otro molde, aunque el que acaba de crear le puede durar años si usted es de los pescadores esmerados en el cuidado de su equipo. O tal vez se decida y haga una serie diversa, con diseños para diferentes aguas –profundidades, oleaje o calma, fondo limpio o de corales...-. En casa del señor Rolando Valdés del Campo, experimentado pescador del Malecón de La Habana, copiamos una serie de modelos con los nombres que, dice él, les dan en la jerga costera local (Figura 4).
Los jigs cubanos aun se funden en plomo, aunque es material que en otras partes se aparta con cautela. El metal es, a falta de las opciones ecologistas que proponen algunos catálogos, asimismo usado en las plomadas para lastrar las líneas de pesca a fondo y otros componentes del aparejo.

NOTAS
1- El término lo empleó hace unos años un periódico de La Habana y lo hemos asumido, a falta de otro más específico en nuestra lengua. La otra variante posible, “espinero”, obviamente no aclararía nada el concepto.